El Cabo Montañez

Va al sitio para leer.....
http://10pworldlang.weebly.com/uploads/9/7/2/2/9722986/peru.pdf










un-oso-y-un-amor.jpg




http://images.pcmac.org/SiSFiles/Schools/CA/SMJUHSD/SantaMariaHigh/Uploads/Forms/cuento-un_oso_y_un_amor.pdf


Día # 1: Lea parte uno y conteste las preguntas. Tambíen, use Vocaroo para diga un repaso en Español del parte 1. (30 puntos)

Día # 2: Lea parte uno y conteste las preguntas. Tambíen, use Vocaroo para diga un repaso en Español del parte 2. (30 puntos)

Día # 3: Lea parte uno y conteste las preguntas. Tambíen, use Vocaroo para diga un repaso en Español del parte 3. (30 puntos)

Día # 4: Lea parte uno y conteste las preguntas. Tambíen, use Vocaroo para diga un repaso en Español del parte 4. (30 puntos)

Día # 5: Lea parte uno y conteste las preguntas. Tambíen, use Vocaroo para diga un repaso en Español del parte 5. (30 puntos)


Cambios: Escribe una explicacíon acerca qué tú cambiarías en el cuento y por qué. Necesitas cambiar 3 cosas. (45 puntos)


¿Qué harías tú…?

Instrucciones: Lee cada situación y escribe que harías y cómo te sentirías si estuviéras en la situación presentada. Incluye razones porque tú actuarías así. (escoge 3) (45 puntos)

1. Si estarías navegando en un barco de vela en medio de una tormenta.


2. Si estarías en la escuela durante un terremoto.


3. Si estarías enamorado/a con tu mejor amigo/a y él/ella ya tuviera un/a novio/a.


4. Si estarías muy enojado/a con un/a amigo/a porque él/ella no guardara tu secreto.

5. Si asistieras a una universidad lejos de tu familia, tus amigos y tu novio/a.


6. Si estarías acampando o paseando por el bosque y te enfrentaras con un animal peligroso.


Proyecto: Recuente "un Oso y un Amor" usando Toondoo. Debe crear un cómico de no menos que 12 cuadros. Escribe completamente en Español. (60 puntos)






Instruciones: para cada cuento, primero lo lea entonces escriba un repaso de 50 palabras en Ingles. Finalmente, escriba 5 preguntas que enfoca en los hechos importantes del cuento.



EL CABALLO DE ALIATAR

D. Pedro Gómez de Aguilar tenía una magnífica finca cerca de la ciudad de Cabra. Un día del mes de noviembre le avisaron que sus colonos habían abandonado la finca a causa de una invasión de los moros. D. Pedro no podía creer las noticias y sin decir nada a sus hijos, montó a caballo y se fue 5a la finca para informarse del suceso.

Llovía a cántaros y no vio a nadie en el camino. Al llegar a su finca no vio a nadie tampoco y creía que ya se habían ido los moros.

Algunos momentos después se vio rodeado de cuarenta de 10ellos a las órdenes del famoso alcaide de Loja, Aliatar. La resistencia y la fuga eran imposibles. Gómez de Aguilar tenía que rendirse.

—¿Dónde están sus hijos?—preguntó Aliatar a D. Pedro.

—He venido solo, porque no podía creer que se atreviese 15Vd. a llegar hasta aquí.

Sonrió el viejo alcaide, enseñando unos dientes todavía blancos y replicó:

—Me habían ponderado mucho su finca y tenía deseos de conocerla. Pero como sus colonos habrán dado la alarma, 20vamos ahora hacia Carcabuey y es preciso que nos acompañe Vd.

—Aliatar, fije Vd. el precio de mi rescate, y, si no es demasiado, le doy palabra de que lo recibirá en Loja antes de dos días.25

—No dudo de su palabra, mas prefiero su persona a su dinero.

—¿Quiere Vd. canjearme por uno de los suyos...?

—No tienen Vds. un prisionero nuestro que valga tanto como Vd. Así, pues, debe Vd. resignarse y seguirnos.30

Se pusieron en camino, pero no se atrevían a seguir el camino frecuentado. Tenían que marchar uno a uno por sendas extraviadas. D. Pedro iba en el centro, junto a Aliatar, y los dos caballeros hablaban amigablemente.

Llegó una ocasión en que se encontraron solos, pues los de 35adelante habían caminado más aprisa que los de atrás. Tenían a sus pies un barranco. Al instante comprendió Gómez de Aguilar que se le presentaba una ocasión favorable para salvarse. Tiró al caudillo árabe al barranco, le sujetó y amordazó. Le quitó sus armas y le obligó a esconderse 40con él.

Empuñó D. Pedro su puñal y dijo a Aliatar en voz muy queda:

—Si se mueve Vd., le mato. Los suyos vendrán en seguida a buscarnos.45

—Mi palabra le doy, Gómez de Aguilar. No necesita Vd. mordaza para mí.

Se la quitó su enemigo. Fiaba en la palabra de Aliatar como en la suya, porque la fama del alcaide de Loja era la de un perfecto caballero.50

En efecto, pronto empezaron los árabes a buscar a su jefe y al prisionero. Algunos se dirigían al escondite. Los momentos eran supremos.

Nunca había estado Gómez de Aguilar en peligro tan inminente 55de su vida. Aquellos hombres no le habrían dado cuartel.

Volvió sus ojos a Aliatar. Éste no se movía y sus ojos parecían decir:

—Yo no me moveré; y no los llamaré.60

Pero a veces brillaba en su mirada una viva esperanza que Gómez de Aguilar interpretaba en estas palabras:

—Pero es muy probable que nos encuentren sin llamarlos y sin moverme.

Al fin estaban dos de los moros a cuatro pasos del escondite.65

Otra vez empuñó D. Pedro su puñal y miró a Aliatar.

El caudillo seguía inmóvil y sus ojos le dijeron:

—No dude Vd. de mí; no me moveré; no los llamaré.

En este momento oyeron el galope de un escuadrón y los dos moros huyeron del sitio.70

El escuadrón era mandado por el Conde de Cabra. Sorprendió y derrotó a los moros. Entonces salió D. Pedro Gómez con el caudillo.

Refirió al conde lo que había ocurrido y éste le dijo:

—En rigor, Aliatar es también mi prisionero, Don Pedro. 75Es honor que he buscado muchas veces en los campos de batalla.

En confirmación de estas palabras el prisionero movió tristemente la cabeza y dijo al conde:

—En Alora me hirió su lanza y estuve a punto de caer en 80sus manos, pero me salvó este caballo. Mírenlo Vds., es atigrado, pero más fuerte y más valiente que un tigre.

Y el viejo Aliatar acarició al hermoso bruto y exclamó tristemente:

—¡Pero ahora, mi Leal, no puedes salvarme!85

Esta escena conmovió igualmente a los dos caballeros, e inflamados por el mismo sentimiento.

—¡Aliatar, es Vd. libre!—exclamó D. Pedro Gómez de Aguilar.

—¡Sí, libre!—añadió el Conde de Cabra.90

Como seguían los caminos intransitables el moro tenía que aceptar la hospitalidad que le ofrecieron para aquella noche.

Al llegar a un cuarto de legua de la ciudad, tenían que pasar un río. Las aguas habían crecido tanto que no aparecía paso vadeable.95

Todos se detuvieron contrariados. Entonces les dijo Aliatar:

—Mi Leal les abrirá camino, si me permiten Vds. ir delante.

Entonces vieron al viejo caudillo entrar en la impetuosísima corriente como si cruzase una carretera.100

Todos le siguieron felizmente por aquel vado que lleva todavía el nombre del moro.

Aquella noche obsequiaron a porfía a su libre prisionero Gómez de Aguilar y el Conde de Cabra.

A la mañana siguiente salieron a acompañarle fuera de la 105población.

Llegó el momento de la despedida, y Aliatar se vio rodeado de una guardia de honor.

¡Con qué efusión estrechó entonces las manos de D. Pedro y del Conde de Cabra!110

—Me han vencido Vds., y, aunque estoy libre, me han maniatado.

—¿Cómo?

—Maniatado para siempre, porque ya no podré combatir contra Vds. Me han desarmado con su hidalguía más que 115con su valor.

—Sólo hemos hecho lo que merece Vd., Aliatar. Es Vd. uno de los más nobles de su raza.

—Les aseguro que mis soldados no volverán a invadir sus dominios.120

—Dicho esto, Aliatar saltó de su caballo, cogió de su brida a Leal y se lo presentó a Gómez de Aguilar.

—Se lo doy a Vd. como recuerdo de que me hizo prisionero.

—Pues le ofrezco mi alazán en cambio,—respondió D. Pedro,—como recuerdo de que también fui prisionero de Vd.125

Montó en seguida en el hermoso caballo, saltó Aliatar sobre el alazán, hizo a Leal la última caricia, y exclamando,—¡Que Alá los guarde!—se marchó a galope tendido.

Leal permaneció inmóvil, siguiendo con mirada triste a su amo.130

En vano le acarició su nuevo amo.

image
image

¡Bien merecía el nombre de Leal!

Se dice que aquel hermoso caballo murió de tristeza a los pocos días.




EL PRÍNCIPE OSO

Había una vez un comerciante que tenía tres hijas muy bonitas, sobre todo la más pequeña a quien quería mucho. 5Toda su fortuna consistía en un barco que tenía en el mar, con el que hacía sus negocios. Por entonces lo había mandado muy lejos y estaba aguardándolo, cuando le dieron la noticia de que se había ido a pique. El pobre hombre se puso muy triste porque, como no poseía más que aquel barco, estaba 10arruinado.

Así pasó algún tiempo y gastaron lo poco que tenía, cuando supo que el barco, que sólo había estado perdido, había encontrado el camino y estaba en un puerto aguardando sus órdenes.15

El hombre estaba muy contento y dispuso ir al puerto donde estaba el barco y preguntó a sus hijas qué querían que les trajese.

—A mí, un vestido de seda,—dijo la mayor.

—Y a mí,—dijo la segunda,—un pañuelo bordado.20

—¿Y tú, qué quieres?—dijo a la hija menor.

—Yo quiero una flor de lis del huerto que encuentre Vd. en el camino.

Se fue mi hombre, llegó al puerto y vendió el cargamento. Compró el vestido y el pañuelo, pero no pudo encontrar la 25flor de lis.

Como volvía a su casa, vio una casa con unos jardines tan hermosos, que dijo:—Voy a ver si en estos jardines tienen la flor de lis y me la venden.

Entró en la casa y no vio a nadie a quien preguntar, recorrió 30todos los jardines y al fin vio una planta con una flor de lis tan bonita, que se decidió a llevársela. Viendo que no había nadie a quien pedirla, fue y la cortó. Tan pronto como la había cortado, se le apareció un oso tan grande que retrocedió asustado.35

—¿Quién te ha dado permiso para cortar esta flor?—le dijo el oso.

—Nadie, señor, sino que una de mis hijas me había pedido una flor de lis, no la he encontrado en ninguna parte, y al pasar por aquí entré a ver si estaba aquí, pero como no he visto a 40nadie, creí que no tenía dueño y la he cortado. ¿Cuánto tengo que pagar?

—Estas flores no se venden,—dijo el oso,—pero puesto que la has cortado, llévatela, pero en cambio has de traerme la más pequeña de tus hijas, la que ha pedido la flor.45

—¡Ah! no señor,—dijo el padre,—a ese precio no quiero la flor, tómela Vd.

—No puede ser,—respondió el oso,—ya la has cortado y el daño que has hecho, sólo tu hija puede remediarlo; si no la traes, moriréis todos.50

Se fue el pobre comerciante muy desconsolado y así que llegó a su casa, dió los regalos a sus hijas, que se pusieron muy contentas, pero como le veían siempre triste le preguntó la más pequeña:

—¿Porqué está Vd. tan triste padre?55

—Por nada, hija mía,—contestó el padre.

—No; Vd. oculta alguna pena que no quiere decir, porque siempre que me mira, le veo a Vd. llorar.

Al fin tanto porfió la hija que el padre se lo contó todo.

Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardín. El 60padre no quería, pero al fin la llevó al jardín y la dejó en la casa como había prometido al oso. Allí tenía todo lo que deseaba, pero sin ver a nadie en la casa; sólo de noche, solía oír unos quejidos en el jardín, pero no se atrevió a llegarse a ver lo que era. Al fin, una tarde oyó que los quejidos eran más tristes 65que de ordinario y se decidió a ver lo que era.

Entró en el jardín y junto a la planta de la flor de lis halló un oso tendido moribundo, con una mirada tan triste que a ella le dió compasión.

—¿Qué tienes?—le dijo.—¿Estás malo?70

El oso le dijo que sí.

—¿Cómo puedo yo curarte?

Entonces el oso, señalando la flor y la planta, le contestó:

—El remedio está en tu mano.

Ella miró la planta y comprendiendo que de allí la había 75cortado su padre, puso la flor sobre el tallo. Después dió la mano al oso que se levantó convertido en un caballero joven y hermoso, el cual le dijo que era un príncipe encantado y que gracias a ella había salido del encantamiento; que si quería casarse con él, se la llevaría a su corte y sería princesa.80

Se fueron y se casaron y fueron felices por toda su vida, llevándose ella a su padre y a sus hermanas, que también se casaron.






Leyenda de "El Dorado"
eldorado.jpg





Antes de aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Santafé de Bogotá se ven inmensos prados verdes cultivados y enormes llanuras utilizadas para la cría de bovinos. Este departamento colombiano, llamado Cundinamarca, es el corazón del país, y es el lugar de origen de la Leyenda del Dorado. Esta popular leyenda conocida a nivel mundial, sigue teniendo un carácter fantástico para miles de personas de todo el mundo, y ha sido tema y motivo de numerosos libros y expediciones a través de los siglos.


El mito de “El Dorado” empezó en la época de la conquista, alrededor del año 1530, en una región de la cadena montañosa de los Andes que actualmente hace parte de Colombia, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez la cultura Muisca. El reino de los Muiscas era rico en recursosnaturales como la sal en la zona de Zipaquirá y las esmeraldas en las localidades de Muzo y Somondoco. En la base de la economía estaba la agricultura: se cultivaban maíz, papas, tomates, fríjoles y frutas como elaguacate y la guayaba. Los Muiscas se dedicaban también a la artesanía, produciendo vasos de cerámica y valiosos tejidos, además de espléndidas creaciones de orfebrería.


A la llegada de los conquistadores españoles, en el reino Muisca había excesos de producción agrícola que eran entregados a los jefes del clan y a los jefes de las tribus en forma de tributo. Los jefes de las tribus se llamaban Caciques. Por encima de los jefes de las tribus estaban las dos máximas autoridades Muiscas: el Zipa y el Zaque. Los Muiscas también habían alcanzado un alto grado de desarrollo en el derecho; seguían reglas morales y leyes muy severas, en las que se castigaba el hurto, el homicidio y el adulterio.


La religión de los Muiscas era politeísta, o bien, adoraban varios Dioses que representaban las varias fuerzas de la naturaleza. El máximo sacerdote de los Muiscas se dedicaba a la adoración del Sol, y gran importancia tenía también el Cacique de Guatavita.
A su llegada a la meseta donde se encuentra la laguna de Guatavita, los extranjeros fueron acogidosamigablemente por los Muiscas, que les ofrecieron mujeres, alimentos, tejidos de algodón y simples joyas de oro. En ese momento Jiménez de Quesada se dio cuenta de que estaba en presencia de una civilización avanzada que hacía gran uso de joyas de oro, y se enteró del rito de “El Dorado”. Se decía que en la laguna de Guatavita situada a las afueras de la capital del Reino de Nueva Granada, que actualmente se conoce como Santafé de Bogotá, se llevaban a cabo ceremonias en noches de luna llena, en las que el Cacique se cubría completamente el cuerpo de miel de abejas y resina de árboles, para posteriormente ser cubierto con polvo de oro. Luego subía a una balsa y se internaba hasta el medio de la laguna donde hacía sacrificios y ofrendas de oro y esmeraldas, para luego bañarse en las aguas y dejar en ellas el oro en polvo que cubría su cuerpo. La ceremonia se realizaba con el fin de congraciarse con las divinidades y fertilizar la tierra.



Esta leyenda basada en un hecho cierto según se ha podido comprobar al estudiar las costumbres de los muiscas, fue divulgada por los conquistadores y se extendió por el norte de América, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río de la Plata; pero no tardó en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente. Al escuchar la descripción del rito de Guatavita, los conquistadores pensaron que si aquel Cacique podía permitirse tirar oro en el lago, debía ser enormemente rico y disponer de ciudades enteras pavimentadas en oro y llenas de piedras preciosas. Fue por esta razón, que la leyenda de “El Dorado”, también conocida como “El Hombre Dorado”, “El Indio Dorado”, o “El Rey Dorado”, se transformó en el mito de una ciudad, de un reino y de un imperio dorado. En busca de este reino legendario, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro partieron de Quito en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.


Cuando la historia del hombre dorado llegó a Europa, el Rey Felipe II ordenó y patrocinó varias expediciones para rescatar el tesoro de los muiscas, hasta el punto de ordenar el drenaje de la laguna. El éxito de las primeras expediciones, atrajo otros buscadores de oro que sin embargo no tuvieron los mismos resultados, por lo que las búsquedas fueron abandonadas a causa de los altos costos y las escasas riquezas que lograron encontrarse. Poco a poco los expedicionarios empezaron a agotarse. En 1911, se logró desaguar de manera parcial la laguna y se obtuvieron algunas piezas de cerámica y muy pocos artículos de oro, pero no la fabulosa ciudad pavimentada con el metal amarillo de la cual se fabulaba.


Las poblaciones muiscas y sus tesoros cayeron rápidamente en manos de los conquistadores. Al poco tiempo de su llegada, los Muiscas se dieron cuenta que éstos no se limitarían a recibir sólo uno que otro regalo, sino que pretendían conquistar el territorio entero para apoderarse de todo su oro. El Zipa Tisquesusa decidió que debía reaccionar a aquella invasión y reunió a miles de indígenas prontos a combatir. Hubo un enfrentamiento feroz. Los españoles, aunque eran inferiores en número, salieron victoriosos puesto que podían contar con susespadas de hierro, arcabuces, ballestas y con la ventaja de los caballos, animales desconocidos en el Nuevo Mundo. Los Muiscas se sometieron y el Zipa Tisquesusa fue asesinado. Su sucesor fue también condenado a muerte.


El Zaque de Tunja, esperó a los invasores sentado en el trono, creyendo que, una vez cercanos, los aniquilaríacon su mirada. Al darse cuenta de que su creencia no se cumplió, murió de tristeza y de frustración. Suheredero, fue injustamente decapitado por el hermano de Jiménez de Quesada, Hernán Pérez, que lo acusó de insubordinación. El despiadado Hernán Pérez de Quesada hizo matar a otros jefes indígenas. Todo el reino Muisca fue conquistado en unas pocas semanas.
Al hacer inventario de las nuevas tierras obtenidas, los españoles pronto se dieron cuenta de que —a pesar de las cantidades de oro en manos de los indios— no había ni ciudades doradas, ni minas ricas, puesto que los muiscas obtenían el oro a través del comercio con naciones vecinas. A pesar de la poca evidencia del gran tesoro de El Dorado, el mito continuó propagándose con vida propia por toda América y España.



Hoy en día los artículos de oro encontrados se encuentran en el centro de la capital colombiana, en el Museo del Oro. El gran mito de El Dorado, se puede apreciar en este recinto que presenta una impresionante colección que ha creado el Banco de la República, desde 1939, en el que se puede visitar la Balsa Muisca, que representa el rito de El Dorado en una hermosa figurilla de oro y fue encontrada cerca a otra laguna en el departamento colombiano de Cundinamarca.


Existe otra leyenda acerca de “El Dorado” que involucra la cultura Inca. Ésta dice que cuando los incas se enteraron que Atahualpa su gobernante, había sido asesinado por los conquistadores, y a pesar de que continuaban llegando a Cajamarca cientos de indígenas cargados con oro y plata para pagar su rescate, uno de sus principales generales decidió esconder todo el oro de la ciudad. La leyenda no dice exactamente dónde se escondió el oro, pero muchas personas piensan que el oro se escondió en el fondo del lago Titicaca, o en algún lado en las montañas ecuatorianas. Desde el siglo XVIII se adelantaron expediciones para buscar el tesoro de los incas en la abrupta e inhóspita zona de la cordillera de los Andes conocida como "Llanganates" (que hace parte de una reserva natural), todas con resultados oficialmente inútiles y trágicos por la pérdida de vidas.






El Álamo

alamo.jpg







“Recuerden el Álamo” es un grito de batalla que se escucha muy a menudo en los Estados Unidos, pero la mayoría de la gente sabe muy poco o nada de los eventos que hicieron esta frase tan conocida y popular. Regresemos a los años 1800 para familiarizarnos con los eventos que condujeron a la formación de Texas y su entrada a los Estados Unidos.
La batalla del Álamo que tuvo lugar en 1836 es recordada por el valor de hombres norteamericanos como William B. Travis, Davy Crockett y James Bowie; sin embargo, también hubo muchos mexicanos luchando al lado de los norteamericanos que de alguna forma fueron olvidados en esta lucha por la independecia de Texas. Personajes como José Antonio Navarro y los tejanos, gente que había poblado la frontera mexicana de Texas y lucharon hombro a hombro con los norteamericanos, son olvidados por la mayoría de los narradoresde esta historia.
José Antonio Navarro


Ubicada en San Antonio, Texas, la misión de San Antonio de Valero, conocida actualmente como El Álamo, había sido fundada para convertir la población indígena local a la cristiandad. Angel Navarro, padre de José Antonio llegó de España pero nació en Córcega. Por eso era conocido localmente como español, así que le fue muy fácil involucrarse en la alta sociedad del San Antonio de ese entonces. José Antonio Navarro fue uno de los pocos en San Antonio en recibir una instrucción académica. Cuando José Antonio, tuvo un accidente de niñez que lo dejó incapacitado físicamente, el joven volcó su atención a sus estudios. Su familia tenía una casa de piedra en un área del pueblo reservada para las personas de ascendencia europea. Se hacían llamar “los vecinos”. Los Navarro y otras familias de vecinos encabezaron la rebelión contra España, poniendo enriesgo todo lo que tenían.
La guerra contra España


23 años antes de la batalla del Álamo, Texas era parte de México que había sido colonizado años antes por España. Durante dos años, la comunidad tejana había tomado parte en una rebelión contra España. Su lucha por la independencia estaba arraigada en la economía. La corona de España sólo veía a Texas como unafuente de ingresos. El comercio de los mustangos que cabalgaban por los campos de Texas era una de las pocas formas en la que los tejanos podían ganarse la vida. Los caballos eran transportados al territorio norteamericano de Louisiana, donde se vendían o se cambiaban por provisiones.
Cuando el gobierno español declaró que todo el ganado silvestre era propiedad de la corona, muchos tejanos perdieron su única forma de ganarse la vida y por lo tanto se rebelaron. Pero el poderoso ejército españolreprimió la rebelión tejana. Las personas fueron capturadas en San Antonio y encarceladas; los prisioneros fueron apiñados de tal modo que muchos murieron durante la primera noche. En los días siguientes el resto de los prisioneros fueron ejecutados delante de sus familias. José Antonio Navarro, cuya familia había ayudado a liderar la rebelión pudo escapar la matanza. Él y cientos de otros tejanos, buscaron refugio en los Estados Unidos.
Tres años después de que José Antonio huyera a los Estados Unidos, España declaró una amnestía general que le permitió regresar a Texas. Al regresar, se veía por todas partes evidencia del castigo de los españoles. La comunidad había sido devastada y muchos de los edificios estaban destruidos. La casa de los Navarro estaba en ruinas; José Antonio Navarro y los otros tejanos tuvieron que empezar a reconstruir sus vidas.
En 1821, después de una década de revolución, México obtuvo su independecia de España. José Antonio Navarro, culto, buen orador y bien relacionado, estaba listo para liderar a los tejanos y a Texas. En menos de un año, a los 26 años de edad fue nombrado alcalde de San Antonio.
Stephen F. Austin


El mismo año que México obtuvo su independencia, un joven que ayudaría a cambiar el curso de la historia de Texas llegó a San Antonio. Stephen F. Austin tenía el ambicioso plan de traer familias de Estados Unidos a Texas. Los Austin de Missouri habían sido una de las familias más ricas del oeste. Pero en 1821 ya estaban arruinados. Stephen Austin vio a Texas como la tierra prometida, un lugar donde podría recuperar el buen nombre de su familia.
Austin distribuyó una carta en los Estados Unidos que fue circulada por la prensa, en la que describía a Texas como la tierra de la leche y la miel. Su mensaje llegó justo cuando Estados Unidos se estaba recuperando de una depresión económica. Cientos de colonos se enlistaron, aceptando convertirse al catolicismo y a ser ciudadanos mexicanos. Pudieron comprar tierras a precios razonables y en muchos casos las recibieron gratis.
Navarro se percató del potencial del plan de colonización de Austin y lo ayudó a alentar la inmigración estadounidense a Texas. También formaba parte de un grupo de líderes del norte de México que estaban de acuerdo con muchos de los conceptos del liberalismo económico clásico. Ellos querían que Texas se integraraa la economía del mercado internacional.
El plan de colonización de Austin fue un éxito. Tres años después de haber hecho un llamado a los colonos, 1800 personas vivían en su colonia de San Felipe. Navarro y Austin se habían convertido en dos de los hombres más influyentes en Texas.
El conflicto con México


Después de varios años de prosperidad, el gobierno de México decidió unir a Texas con el estado de Coahuila. Los tejanos protestaron contra esta decisión que según ellos acabaría con sus esperanzas de tener un estado independiente bajo el gobierno de México. En la década de 1820, la población de Texas era muy escasa y el gobierno mexicano tenía dificultades para atraer mexicanos al área. México llegó a un acuerdo con Stephen F. Austin, permitiendo que varios cientos de familias estadounidenses se mudaran a la región. Miles de pobladores adicionales pronto llegaron a Texas.
Cuando México abolió la esclavitud en todo el país, algunos inmigrantes de los Estados Unidos se negaron a cumplir la ley. Esto se sumó a las quejas acerca del tenso control político y económico sobre el territorio por el gobierno central en la Ciudad de México, que esperaba que sus ciudadanos fueran miembros de la Iglesia Católica, mientras que los pobladores estadounidenses eran protestantes. El gobierno mexicano preocupadopor la gran cantidad de inmigrantes de los Estados Unidos en Texas, decretó una ley con el fin de cerrar la frontera. Ésta derrotó los planes que Austin y Navarro tenían para Texas. A pesar de esto, Austin sigió ayudando a los norteamericanos a venir a instalarse en Texas.
En 1833 Antonio López de Santa Ana llegó a ser presidente de México. En 1834, Santa Ana concentró el poder en la Ciudad de México. Disolvió el cuerpo legislativo estatal, limitó la autoridad de la milicia estatal y abolió la constitución federal. La respuesta fue inmediata. En Texas, los colonos de Estados Unidos empezaron a tener encuentros con los soldados mexicanos. Santa Ana se quedó en la Ciudad de México, pero envió seiscientas tropas a San Antonio. Él creía con cierta justificación, que la rebelión en Texas había sido instigada por fuerzas dentro de los Estados Unidos. El pánico cundió en la comunidad de colonos en Texas.
Al poco tiempo de que llegaran las tropas mexicanas enviadas por Antonio López de Santa Ana a San Antonio, éstas fueron atacadas por un ejército de rebeldes en Texas. Peleando con los norteamericanos había una compañía de voluntarios tejanos. No querían la independencia pero querían que se restituyera la constitución mexicana de 1824, que les daría más autonomía y respaldo para desarrollar sus intereses económicos y demás con mayor éxito en su propia área y región.
La pelea se extendió por varias semanas. Pero en diciembre de 1835, la mayor parte de las tropas mexicanasse habían refugiado en el Álamo. Con la llegada del invierno, ambos ejércitos estaban desmoralizados. Fue la deserción de un teniente mexicano que simpatizaba con la causa federalista, la que finalmente condujo a laderrota de las tropas mexicanas en 1835. El líder de las tropas mexicanas en el Álamo se entregó el 9 de diciembre. Las tropas regresaron a México en desgracia. La derrota fue humillante para el Presidente Antonio López de Santa Ana.
La Batalla del Álamo


Para fines de 1835, los tejanos habían logrado sacar a todos los soldados mexicanos de Texas. El tono y la dirección de la revolución cambiaron rápidamente de ser una guerra civil en México, a una lucha para separar Texas de México. En febrero de 1836, José Antonio Navarro y los líderes tejanos se reunieron para declarar la independencia. Mientras Navarro se dirijía a la asembea, un Santa Ana furioso se acercaba a San Antonio con más de cuatro mil hombres. El general mexicano sospechaba que los Estados Unidos respaldaba la reunión de los tejanos y amenazó con continuar su marcha hasta el mismo Washington D.C. Los tejanos que eran leales a México les dieron la bienvenida, pero entre muchos otros cundió el pánico. Muchos corrieron al campo para esconderse de la batalla inminente. Otros se encerraron en sus casas para tratar de proteger sus posesiones y su sustento. Y algunos se refugiaron en el Álamo, pensando que allí estarían a salvo.
Al llegar las tropas mexicanas a San Antonio, las fuerzas tejanas se atrincheraron en la misión de El Álamo utilizando algunas casas de sus cercanías como puestos de defensa avanzada. En la madrugada del 6 de marzo, unos 1.200 soldados mexicanos divididos en cuatro columnas atacaron la fortificación de forma simultánea por los cuatro lados. Penetraron en el interior de la guarnición matando a todos los defensores. Los civiles no combatientes (mujeres, niños y esclavos) que no murieron accidentalmente debido a los combates fueron respetados y se les permitió salir libremente. En las siguientes semanas, el ejército mexicano mataría a cientos de tejanos más. Esencialmente, los tejanos perdieron todas las batallas en el año de 1836. El ejército tejano fue destruido, derrotado y desbandado.
Después de la Batalla


Seis semanas después de la batalla del Álamo, unas vengativas fuerzas tejanas sorprendieron a Santa Ana cerca de un río llamado San Jacinto. Sam Houston al mando del ejérecito de Texas, exhortó a sus tropas con el grito de: “Recuerden el Alamo”. Los hombres que atacaron se jugaron el todo por el todo; estaban tan furiosos y era tanta su emoción, que después que la batalla terminó en 18 minutos y que el ejército mexicano fue derrotado y huía, sigieron matando. Esa victoria inmortalizó el grito de guerra de Texas: “Recuerden el Álamo”. Con la invocación de “Recuerden el Álamo”, se envió un mensaje de compensación, de que el enemigo debe pagar por todo lo malo que hizo en la guerra.
Con la formación de la República de Texas ese mismo año, los tejanos y los anglos compartieron el poder en San Antonio durante varios años. Pero este incómodo arreglo llegó a su final, al llegar más y más gente nueva de los Estados Unidos. Todos los anglos que llegaron a San Antonio después de 1836 y que desconocían la contribución de los tejanos al movimiento de independencia, veían en cada mexicano un esteriotipo de Santa Ana. El sentimiento anti-mexicano impactó a Navarro personalmente cuando un colono anglo mató a Eugenio, su hermano más joven, pues sospechaba que era leal a México.
Mientras que otros tejanos eran perseguidos, Navarro, que ayudó a redactar la primera constitución del estado, aún era visto por los norteamericanos como un paladín de la revolución de Texas. Se convirtió en un desafiante vocero de los tejanos oriundos. En 1846, Texas fue admitido a los Estados Unidos como un estado esclavista. En 1853, Navarro escribió sus “puntos históricos” acerca de la participación de los tejanos en la formación de Texas. Su relato les hizo recordar tanto a los tejanos oriundos como a los norteamericanos, que la lucha por Texas comenzó mucho antes que se pronunciaran las palabras “Recuerden el Alamo”. Navarro murió en 1871.